Bibliográfica IV

 

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bullet Curar o cuidar. Bioética en el confín de la vida humana. Sergio Cecchetto Ad-Hoc, Buenos Aires, 1999, 156 págs. Por Luis Guillermo Blanco

Resulta grata la lectura de un libro cuyo contenido versa acerca de un tema “difícil”, cuando el mismo pertenece a la pluma de un investigador serio y con suficiente experiencia profesional en la materia. Para confirmar lo expuesto, basta recordar, por un lado, que Sergio Cecchetto es Doctor en Filosofía por la Universidad del Salvador y Miembro de la Carrera de Investigador Científico del CONICET, y, por el otro, que, hace años, es integrante –entre otros- del Comité de Bioética conjunto de los Hospitales HIEMI-HIGA. Por lo tanto, la lectura de este libro suyo –que obró como tesis de su Magister en Ciencias Sociales por FLACSO-, además de llevadera (podríamos decir que su estilo literario es “como sí” fuera el de un relato), es también práctica, dado que sus criterios apuntan –entendemos- al logro de una mejor praxis clínica “en el confín de la vida humana”.

Esto último, por supuesto, sin desmerecer su contenido académico, ampliamente documentado y, muy especialmente, claro, didáctico y hábil para permitir reflexionar al lector sobre la temática abordada, por todo lo cual –especialmente, por esto último- su consulta es recomendable.

Prologado por el Dr. Pedro F. Hooft (pp. 9/11) –casi un breve “estudio preliminar”- y por el Dr. José A. Mainetti (pp. 13/14), luego de los “Reconocimientos” efectuados por Cecchetto (pp. 15/16) y de una nota referente a publicaciones anteriores que integran parte de este volumen (p. 17), comienza el desarrollo de la cuestión, dividida temáticamente en cuatro capítulos. Primero, un “Planteo” (Cap. I), que parte de las transformaciones de la medicina occidental en el siglo XX, referenciada a la muerte, para atender al “paciente irreversiblemente destinado a la muerte”, sus preocupaciones, las de su familia, la consideración que merece. Y la atención médica adecuada: los cuidados paliativos, privilegiados –con razón- a lo largo de esta obra.

Después, un meticulosos análisis acerca de “Los protagonistas” (Cap. II) de esta temática: “El paciente” –sus padecimientos y emociones; la información-, “La familia” del anterior –sus temperamentos y ansiedades; su participación en la atención al primero- y “El equipo sanitario” (este último, también presente en los dos apartados anteriores y en función de sus otros protagonistas): sus actitudes ante la muerte. Y el consecuente planteo de los cuidados paliativos, como “una  opción filosófico-práctica interdisciplinaria empeñada en la búsqueda de las mejores condiciones para que el paciente pueda vivir protagónicamente su muerte propia”. Este enfoque de tales protagonistas es didáctico; la cuestión es una sola: la “buena muerte”, de tal modo que “La enfermedad mortal” –el cuarto “protagonista”; mejor dicho, la afección que presenta el primero de ellos- reciba la atención médica (y afectiva) –brindada a ese paciente, no a “la enfermedad”, claro está- que corresponda, libre de la aplicación de “tratamientos” descontextuados que a ninguna “curación” pueden conducir.

Diversas “Consideraciones” (Cap. III) de orden económico, eutanásico y ético siguen a lo anterior, en particular, en orden al proceso de toma de decisiones médicas y a la suspensión de tratamientos fútiles, proponiendo Cecchetto aquí criterios de acción, repudiando las “soluciones” eutanásicas, admitiendo correctamente la limitación terapéutica y afirmando la improcedencia de excluir al enfermo –jurídicamente capaz y bioéticamente competente- del procedimiento de toma de decisión que lo involucra, aseveración con la cual es imposible disentir. Un certero análisis sobre la fantasía omnipotente –sino nefasta- de poder llegar a “vencer a la muerte” cierra este capítulo.

“Conclusión”, se denomina el Cap. IV. En pocas páginas y con firmeza, remitiéndose a algunas ideas centrales antes desarroladas, a nuestro parecer, el mensaje central que aquí brinda Cecchetto –conteste con sus opiniones anteriores- es el siguiente: “Los cuidados paliativos construyen precisamente un conjunto de conocimientos específicos para que los médicos generales los apliquen con sus pacientes, y no para que los deriven a supuestos «expertos» tanatólogos. El saber ya acumulado sobre estas cuestiones debe servir de apoyo, consulta y referencia para que los médicos de cabecera tomen sus decisiones clínicas, pero no para que reasignen esa labor en manos de terceros pretendidamente mejor capacitados”, tarea la primera que bien cumplían “los antiguos médicos de familia”.

Por nuestra parte, sin perjuicio de ponderar la labor de tanatólogos y paliativistas –tal vez especializados en la muerte y el morir, en el alivio del dolor y en la contención del sufrimiento, por causa de esa suerte de diferenciación (debida a la medicalización de la vida) entre pacientes “curables” e “incurables”-, creemos que esto último es correcto. Pues la atención que corresponde brindar a las personas que se encuentran en el confín de sus vidas, también es propia de la labor de todo médico.

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Última modificación:Jueves, 10 de Junio de 2004