Bibliográfica XIV

 

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Muerte digna. Consideraciones bioético-jurídicas de  Luis Guillermo Blanco. Ed. Ad-Hoc, Buenos Aires, 1997, 135 pp.; Comentado Por Armando S. Andruet (h.)

1. Sin duda que existen diferentes maneras de comentar y reseñar alguna obra, pues una de ellas puede ser, la de señalar inmediatamente lo que la obra no es. Y en este orden de cuestiones la ahora presentada, hay que decirlo, no es un trabajo común y de los cuales en estos temas de bioética han pululado en manera casi incontenible en los últimos años, con la gravedad y sobre todo para los incautos lectores que a dicha literatura pueden asomar, de que no existe control de calidad alguna. Aquello tan severo como las mismas leyes de la naturaleza, de que no todo lo escrito es publicable, no parece ser hoy, la regla y medida de editores y escritores.

La pequeña obra en cantidad de páginas de Luis G. Blanco, se ordena en las antípodas de lo nombrado, es dicho autor meduloso en lo que dice, acota lo que importa, no esconde los sentimientos de lo que trata, y no cabalga en impersonalismos que terminan por hacer perder la implicancia que entre el escritor y lo escrito existe.

De todas maneras, si hay algo acerca de lo cual es importante otorgar alguna noticia antes de avanzar sobre el escrito propiamente, es a partir del recuerdo que este libro nos trajo -no por su temática claro está, sino por su estructura como obra escrita- con algunos de los conocidos libros de Jacques Maritain (verb. El orden de los conceptos. Lógica), cuando el propio Profesor del Instituto Católico de París indica en el prólogo de dicha obra, que si bien, el libro materialmente era uno, allí había dos. Pues lo mismo acontece en la obra de Luis G. Blanco, se puede leer el libro con letra grande o el de letra pequeña, esto es, con notas o sin ellas. Si se trata el lector, de aquél que se acerca en manera reciente a la temática en cuestión, es conveniente que omita las notas, pues le harán perder cierta secuencia comprensiva, si se trata por el contrario, de un conocedor o al menos ya lector de temas de bioética, sin duda que no podrá abstraerse de seguir con igual cuidado la letra pequeña contenida en las cerca de trescientas notas que acompañan al cuerpo principal. Allí no sólo que encontrará ampliaciones a lo otro, sino pues, disfrutará de un serio y pertinente aparato bibliográfico, que otorga una textura absolutamente robusta a cualquiera de las tesis que han sido propuestas.

2. La obra se reparte en ocho capítulos, y que nosotros repasaremos ahora con alguna brevedad y cierta licencia. En el primeros de ellos, el autor, se ocupa de delimitar debidamente los ámbitos conceptuales y prácticos sobre los que habrá de apuntalar luego el edificio intelectual que habrá de edificar. Pues ofrece una revista agotadora y absolutamente breve, de la cuestión tan poco conocida con acierto en ámbitos de los no iniciados, respecto a cuatro nociones que muestran un iter que no es despreciable, a saber: muerte civil, natural, encefálica y neocortical. Para concluir haciendo una reflexión al lector, en orden al tema de la consideración de la muerte como cuestión delimitadora y finalmente, del morir como proceso irremediablemente posible de ser acometido por el individuo. Señala en este último orden, lo que ha sido dado en llamar la experiencia de la muerte cercana, como dato de la psicología contemporánea que habrá de ayudar a comprender determinados comportamientos vitales.

En el siguiente capítulo, el autor procede a realizar una serie de supuestos conceptuales -aunque aquí, obviamente que son vitales- en lo que de ordinario existe confusionismo severo y que no ayudan a establecer información limpia, entre quienes arriban a estos problemas. Desmenuza con agudeza e ingenio -esto es, buscando no las vías ortodoxas- la problemática de la eutanasia, distanasia y ortotanasia. Además del rico aporte que en cada una de las cuestiones brinda, pues nos ha parecido muy sugerente la indicación persistente del autor en mostrar, que están tales tópicos encarnados en la determinada realidad biográfica de algún hombre, pues por ello, habla y bien en nuestro parecer, de las llamadas situaciones eutanásicas, distanásicas y ortotanásicas.

Tal aporte, descripto como ha sido es sumamente rico en todo lo que con la vida moral tiene que ver, puesto que el obrar del hombre y en el caso ahora sub examine del médico, no se da en abstracto sino en situaciones y no en casos tipo o modelos preanunciados, como de ordinario se tiende a encasillar.

En este tópico, nos parece sumamente rico y conceptualmente valioso el aporte del autor, pues comienza a ser tiempo, en que el análisis que s ehace d elas cuestiones -porque en definitiva, desde la perspectiva del médico que actúa ante una situación dilemática o seudodilemática, lo vincula como tal, con su propio ejercicio profesional- que las mismas deben ser entendidas desde lo particular y concreto y no desde el abstraccionismo de los casos tipo. Pues lo que vale en definitiva, no es el "caso tipo" sino las "situaciones médicas". En igual orden nos parece que el autor, si bien se lo puede adscribir a una conformación filosófica clásica, se lo nota igualmente abierto a indagar con un carácter no dogmático en los tópicos que afloran en los órdenes de la vida y la muerte, particularmente en esta última.

Posteriormente el autor, avanza en el tratar de echar alguna luz clara respecto a qué es lo que debe ser entendido como muerte digna y que como tal, es el nombre principal d ela obra. Por lo cual, en ese pequeño capítulo indicará con delimitación y firmeza, las exigencias que la conforman y que constituyen propiamente derecho y aunque el autor no lo dice, tiene una fundamental preocupación en que no quede ello, meramente asimilado a un derecho más de los que, habitualmente son nombrados como subjetivos. Otorga algunos criterios operativos prácticos igualmente, para la distinción entre entre los medios proporcionados y no, como también recala en la no poca complicada cuestión, del análisis de las definiciones cuasi dilemáticas de la vida médica corriente como son las vinculadas con la no reanimación de pacientes.

A partir del capítulo cuarto en nuestra opinión, el autor comienza a considerar temas separados que en su conjunto constituyen el substractum de la afirmación del cómo de la buena muerte. En este sentido, otorga apreciaciones críticas respecto a que el tema pues, del encarnizamiento terapéutico, no puede ser evaluado fuera de la cultura misma que de la muerte se tiene. Resulta acicate estimulante, las reflexiones que se vinculan con una formación médico deontológica de nuestros profesionales de la salud, altamente ensanchada sobre la base del exitismo y del triunfo de la vida sobre la muerte y de la salud sobre la enfermedad, y que cuando se encuentra en crisis ella, no tiene otra alternativa que transitar el delicado umbral del encarnizamiento terapéutico y que en consecuencia, termina siendo más achacable por defecto que por adición, según entendemos nosotros al autor.

Dedica luego un extenso capítulo a cuestiones vinculadas estrechamente al mundo jurídico y que se rotulan como biojurídicas, particular interés entre otros temas que allí son considerados, es el que se refiere a la cuestión de la responsabilidad civil y la imputabilidad penal que eventualmente aflige a la práctica médica, y que son claramente confrontadas con las situaciones médicas delicadas -ortotanasia y distanasia-, mostrando con ello verdades y mentiras del tópico. Luego, repasa con buen detalle el conocido pero siempre inagotable tema del consentimiento informado. Concluye el capítulo, dedicándose a un pormenorizado tratamiento de las cada vez, más comunes disidencias terapéuticas y ubicando en ellas aquellas que propiamente son tales y que por igual razón, pueden ser consideradas como vestibulares de la propia dignidad de la muerte, otorgándose allí, algunos criterios operativos para los que deben calificar la disidencia del paciente.

Concluye el libro con un capítulo estremecedor, vinculado con los tratamientos médicos desmedidos cuando el sujeto pasivo de los mismos, son menores o adolescentes. En verdad que aquí el autor, ahonda en un tema siempre dejado por otros para una mejor oportunidad y avanza con posición francamente apasionada, comprometida y también porque no, discutible. Pero en el fondo, uno mismo tiene la certidumbre después de esa lectura en particular, o la de todo el libro, que cuando no se está frente a un pensamiento dogmático -como que los hay en bioética-, sino fundamentalmente cetático y que no olvida jamás, que detrás de cada definición bioética, existe una persona que es su destinatario y éste es un hombre libre y abierto a lo trascendente y del que en definitiva siempre corresponde decir que como prójimo, hay que otorgarle efectivamente y no por meras declaraciones retóricas, el verdadero derecho a que pueda completar su ciclo existencial en la manera que mejor lo justifique a él. Y esto no puede sser sino, muriendo como naturaleza humana engrandecida y no degradada por una tecnología médica aplastante, que a veces, termina haciendo del hombre enfermo, un mero reactivo de su éxito tecnológico.

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Última modificación:Jueves, 10 de Junio de 2004