Bibliográfica XVIII

 

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Violencia familiar y abuso sexual, por Silvio Lamberti, Aurora Sánchez, Juan P. M. Viar (Compiladores), Lucas C. Aón, Ángeles Baliero De Burundarena, María A. Alday, Norma L. R. De Bratti, María I. Bringiotti, Carlos Goggi, Virginia Berlinerblau, Silvia Acosta, Liliana E. Pluis, Silvia E. Palomero, Diana Sanz Y Alicia H. Gandulca. Universidad, Buenos Aires, 1998, 299 pp. , por Jorge Corsi

"...A diferencia de lo que ocurría veinte años atrás, en la actualidad existe, afortunadamente, una creciente cantidad de publicaciones sobre este problema social tan complejo que es la Violencia Familiar. Las investigaciones llevadas a cabo en este campo nos acercan a un conocimiento cada vez más preciso de fenómenos tales como el maltrato y el abuso sexual a menores, las formas las formas que adopta la violencia hacia la mujer en el contexto doméstico, el maltrato hacia personas ancianas y, especialmente, las consecuencias que tienen las diversas formas de maltrato y abuso sobre la salud física y psicológica de la población. Simultáneamente, se ha ido operando en la sociedad un incremento de la conciencia acerca de la existencia del problema: el término «Violencia Familiar» ha pasado a formar parte del vocabulario cotidiano, aun cuando todavía se le atribuyan significados cargados de mitos, lo que dificulta su adecuada comprensión.

"Pero junto con estos datos positivos (mayor conocimiento científico sobre el problema y mayor conciencia colectiva sobre el mismo) debemos considerar el lado oscuro de la escena: todavía no se ha logrado formular una política global que permita articular los recursos necesarios para una respuesta eficaz a tan complejo problema. Ello implicaría la formación de una red que incluya reformas legislativas, creación de tribunales especializados, una política de seguridad y protección a las víctimas, servicios de asistencia médica, psicológica y legal, apoyo a las organizaciones no gubernamentales dedicadas al problema, programas preventivos a través del sistema educativo y de los medios de comunicación; todo ello enmarcado en un proceso permanente de capacitación y reconversión de los recursos humanos pertenecientes a esas áreas.

Este último punto resulta crucial, ya que gran parte de las dificultades que encuentran quienes recurren a las instituciones en búsqueda de respuestas y soluciones, se originan en la disparidad de criterios que las distintas instituciones y profesiones sostienen alrededor del problema de la violencia familiar. Es común observar que frente a un mismo caso se pueden obtener respuestas disímiles y, a veces, opuestas, según la mirada se efectúe desde un juzgado o desde un hospital.

"Aceptamos y valoramos las discrepancias, cuando éstas se reflejan en datos provenientes del estudio, de la reflexión y de la investigación sobre un problema. Pero resulta alarmante comprobar la frecuencia con la que los diferentes criterios respecto a casos de Violencia Familiar se apoyan en opiniones personales, prejuicios u obstinadas adhesiones a dogmas teóricos.

"Cada sector involucrado necesita hacer un examen de conciencia de sus propios mitos y prejuicios respecto de este tema. No nos olvidemos de que nuestras creencias orientan nuestro accionar; cuanto más nos acerquemos al conocimiento científico del tema y más nos alejemos de nuestras suposiciones prejuiciosas, las respuestas al problema comenzarán a ser más efectivas.

"Dado que el problema de la Violencia Familiar afecta a una institución saturada de significados culturales, como es la Familia, ni el más equitativo de los jueces se encuentra a salvo de la acción de sus propias ideas acerca de la misma. Algunos desenlaces trágicos de situaciones de Violencia Familiar tal vez podrían haberse evitado si las instituciones intervinientes no hubieran antepuesto dogmáticamente el «valor-familia» a otros valores tales como la vida y la dignidad humanas.

"La noción de Familia, cuando se transforma en un concepto abstracto y sacralizado, es el mayor obstáculo epistemológico que impide la adecuada comprensión del problema de la Violencia Familiar. Es necesario admitir que la familia puede ser un contexto nutricio, proveedor de seguridad, afecto, contención, límites y estímulos; pero también puede ser un entorno en el que se violen los derechos humanos más elementales y en el que se aprendan todas las variantes de resolución violenta de conflictos interpersonales. La dramática realidad de los casos de maltrato y abuso intrafamiliar nos confronta con aquellas idealizaciones que todavía sustenta el accionar de algunos sectores profesionales e institucionales.

"Los artículos contenidos en este libro nos acercan perspectivas que sitúan la mirada desde uno de los puntos de observación posibles: el ámbito de las instituciones judiciales. A menudo, el punto de partida, en diferentes países, estuvo dado por la introducción de normas legales específicas para intentar dar respuesta al problema.

"La principal discusión en torno a las reformas legislativas se basa en si la figura de la violencia intrafamiliar debe ser penalizada o no. En un manual publicado por las Naciones Unidas (Strategies for Confronting Domestic Violence, 1993) se señala la existencia de agumentos a favor o en contra de la criminalización. Quienes están en contra de penalizar la conducta violenta en el contexto doméstico prefieren las estrategias de mediación, conciliación y rehabilitación terapéutica. Un sector intermedio enfatiza el rol protector de la ley y señala la necesidad de reformas legislativas que garanticen la protección de las víctimas de violencia doméstica. Un tercer grupo de opiniones enfatiza el hecho de que la violencia doméstica debe ser considerada como un delito y, por lo tanto, penalizada criminalmente.

"Las dificultades que suele encontrar la Justicia ante los casos de Violencia Familiar también son señaladas por el documento de Naciones Unidas:

"-El deficiente marco legal existente en la mayoría de los países para tipificar el problema.

"-Los puntos de vista y creencias prejuiciosas que todavía afectan a jueces, fiscales y aun a los propios abogados defensores de las víctimas.

"-La resistencia mostrada por las víctimas para cooperar en el proceso legal.

"-Los serios problemas para aportar pruebas y evidencias.

"-La indefensión del sistema judicial para hacer cumplir las sentencias, lo que las vuelve ineficaces (este hecho es frecuentemente señalado por los jueces de familia, a partir de la experiencia realizada con la aplicación de la ley 24.417).

"-La competencia inespecífica de los tribunales (es decir, que junto a los casos de violencia doméstica, los jueces deben abocarse a diversas otras problemáticas.

"Frente a estas dificultades, se han sugerido modificaciones de los procedimientos judiciales, que incluyen, entre otras, recomendaciones acerca de la creación de tribunales especializados, con equipos interdisciplinarios (en Canadá, por ejemplo, existen los denominados «Court Clinic»), la creación de la figura del «testigo experto», el desarrollo de sentencias alternativas (que incluyen, por ejemplo, el mandato de tratamiento o rehabilitación de los agresores), y el énfasis en asegurar la seguridad de la víctima, incluyendo intervenciones preventivas que son ajenas a la mayoría de los procedimientos judiciales actuales.

"Todo apunta en la dirección de la «especificidad»: problemas específicos requieren respuestas también específicas. En otras palabras, los abordajes judiciales, terapéuticos, sociales o educativos que demuestran ser eficaces para dar respuesta a una problemática, pueden no serlo para otras. Comprender adecuadamente este principio resulta la base indispensable para reducir el margen de error en las intervenciones.

"Los autores de los artículos contenidos en este libro, desde sus respectivos campos de experiencia, aportan una valiosa contribución para comprender los problemas específicos que los casos de Violencia Familiar plantean en el ámbito judicial.

"Espero que sean leídos por quienes tienen la responsabilidad de elaborar respuestas específicas".

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Última modificación:Jueves, 10 de Junio de 2004